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La historia de un árbol que se convirtió en una escuela. William Kikanae, líder masái

*Puede ver el vídeo al final de la página.
La historia de un árbol que se convirtió en una escuela es un relato inspirador protagonizado por William Kikanae, líder masái y director de la Asociación ADCAM-Kenya. En su niñez, William tenía un sueño: llevar la educación a su comunidad y luchar por los derechos de las mujeres. Sin embargo, vivir en una zona remota de África planteaba desafíos significativos, especialmente en términos de acceso a la educación.
En un video de BBVA Aprendemos juntos 2030, William comparte su historia y cómo logró superar las adversidades para establecer una escuela única. Utilizando recursos limitados pero mucha creatividad, decidió utilizar un árbol como pizarra, las piedras como asientos y la piel de los niños como cuadernos temporales. Estas ideas innovadoras dieron vida a «la escuela del árbol«.
Cuando William era niño, caminaba 40 kilómetros todos los días para llegar y regresar de su escuela, cruzando peligrosamente la sabana llena de animales como elefantes y leones. Sin embargo, esto no detuvo su determinación ni su amor por la educación. Para él, ir a la escuela era motivo de orgullo y valoraba enormemente la oportunidad.
Motivado por las dificultades que enfrentaba y su deseo de acercar la educación a los niños de su comunidad, William decidió buscar una solución. Aunque no tenía los recursos financieros para construir una escuela convencional, se le ocurrió una idea brillante. Utilizó la corteza de un árbol para hacer tiza y las cenizas para escribir en él. Las piedras se convirtieron en sillas improvisadas y las ramas secas en bolígrafos. Los niños escribían en su propia piel, que se convertía en su «cuaderno». Este enfoque poco convencional marcó el comienzo de la «escuela del árbol«.
William comprendía la importancia de la educación tanto para niños como para niñas, y también quería empoderar a las mujeres de su comunidad. Sin embargo, ayudar a las mujeres masái no era fácil, ya que los hombres solían oponerse al empoderamiento femenino, creyendo erróneamente que esto les restaba importancia. A pesar de los desafíos, William perseveró en su misión de mejorar las condiciones de vida de su comunidad a través de la educación y el empoderamiento de las mujeres.
Actualmente, su organización, ADCAM-Kenya, ha ayudado a más de 1400 mujeres en tierras masái, tanto en Kenia como en Tanzania. Les enseñan habilidades para mejorar su calidad de vida y emprendimientos comerciales, permitiéndoles ser económicamente independientes y poder enviar a sus hijos a la escuela. Además, las mujeres masái producen artesanías que se venden tanto en línea como en España y Kenia. El dinero generado de estas ventas se reinvierte en la comunidad, apoyando la educación de los niños y ayudando a las mujeres a cubrir sus gastos médicos y necesidades del hogar. Este enfoque integral está cambiando las mentalidades y transformando la vida de las mujeres masái.
William Kikanae es un ejemplo inspirador de cómo una persona con determinación y creatividad puede superar obstáculos aparentemente insuperables y lograr un impacto positivo en su comunidad. Su historia demuestra que la educación es un derecho fundamental y empoderar a las mujeres es esencial para el desarrollo social y económico de un país. La escuela del árbol es el testimonio vivo de cómo un simple árbol se convirtió en un símbolo de esperanza y oportunidad educativa para la comunidad masái.

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